Quieres saber cuál es la fe que da vida y consigue la victoria? Aquella por la cual Cristo habita en lo íntimo de nuestro ser. El es nuestra virtud y nuestra vida. Cuando se manifieste Cristo, que es nuestra vida, dice el Apóstol, os manifestaréis también vosotros gloriosos con él. Esa gloria será vuestra victoria. Y nos manifestaremos con él porque vencemos por él. Solamente llegan a ser hijos de Dios los que reciben a Cristo, y únicamente en ellos se cumple lo que dice la Escritura: todo el que nace de Dios, vence al mundo.

SAN BERNARDO


WEB OFICIAL DE LA ORDEN

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Si tienes un secreto, escóndelo o revélalo (proverbio árabe)

Si tienes un secreto, escóndelo o revélalo (proverbio árabe)

Preámbulo de la Regla Primitiva del Temple

Nos dirigimos en primer lugar a aquellos que desprecian seguir su propia voluntad y
desean servir, con pureza de ánimo, en la caballería del rey verdadero y supremo, y a los que quieren cumplir, y cumplen, con asiduidad, la noble virtud de la obediencia. Por eso os
aconsejamos, a aquellos de vosotros que pertenecisteis hasta ahora a la caballería secular,en la que Cristo no era la única causa, sino el favor de los hombres, que os apresuréis a asociaros perpetuamente a aquéllos que el Señor eligió entre la muchedumbre y dispuso, con su piadosa gracia, para la defensa de la Santa Iglesia.
Por eso, oh soldado de Cristo, fueses quien fueses,

que eliges tan sagrada orden, conviene que en tu profesión lleves una pura diligencia y firme
perseverancia, que se sabe que es tan digna y sublime para con Dios que, si pura y
perseverantemente se observa por los militantes que diesen sus almas por Cristo, merecerán
obtener la suerte; porque en ella apareció y floreció una orden militar, ya que la caballería,
abandonando su celo por la justicia, intentaba no defender a los pobres o iglesias sino
robarlos, despojarlos y aun matarlos; pero sucedió que vosotros, a los que nuestro señor y
salvador Jesucristo, como amigos suyos, dirigió desde la Ciudad Santa a habitar en Francia y
Borgoña, no cesáis, por nuestra salud y propagación de la verdadera fe, de ofrecer Dios
vuestras almas en víctima agradable a Dios......SAN BERNARDO

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sábado, 29 de noviembre de 2014

ADVIENTO



Introducción

Adviento es el tiempo litúrgico de preparación para la Navidad. Sus orígenes son muy inciertos. Según algunos autores, parece que el Adviento en la liturgia romana se remonta al siglo IV, aunque según nuestra opinión
, esto es muy poco probable. En otros lugares, como en España, parece que estaba unido a la preparación de los catecúmenos que habían de recibir el Bautismo en la solemnidad de la Epifanía.

En el siglo V hallamos las oraciones preparatorias para la fiesta de Navidad en el Rótulus de Rávena, que, se cree estuvo inspirado en los escritos de San Pedro Crisólogo. Es dato cierto que en el siglo VI el Adviento tenía la misma estructura que la nuestra actual, con cuatro semanas antes de Navidad, aunque la cuarta es incompleta según los años. Los días del 17 al 24 se celebran con especialísima importancia; el día 17 comienzan en Vísperas, como antífonas para el Magníficat, las llamadas «antífonas mayores» o «antífonas ¡O!», pues todas comienzan por esa exclamación latina. Tendremos ocasión de exponerlo en esos días.

Tres grandes figuras destacan en el Adviento: el profeta Isaías, San Juan Bautista y la Virgen María.
El Adviento encierra un rico contenido teológico y considera el misterio de la venida del Mesías y de su infancia. Más tarde se ha añadido el Bautismo de Cristo, como conclusión del Tiempo de Navidad. Tiene también el Adviento un gran sentido escatológico. De la espera de la primera venida del Señor se va a la espera de su segunda venida al fin de los tiempos. Los textos litúrgicos hacen alusión a las dos venidas.

San Bernardo habla de un Adviento triple. Entre la venida de Cristo en la encarnación, y su venida para el juicio final, se da ahora su venida al cristiano por la inhabitación. Este adviento presente «es oculto y espiritual, y de él habla el Señor cuando dice: “si alguno me ama, guardará mi palabra, mi Padre le amará, vendremos a él y en él haremos morada” (Jn 14,23) (Sermón Adviento III,4). «Esfuércese [el hombre] al menos... levantándose algo en obsequio del Señor que viene. No tendrás que atravesar mares o penetrar las nubes... Pero dentro de ti mismo habrás de salir al encuentro del Señor con la compunción del corazón y la confesión de tu boca, para que al menos salgas del muladar de tu miserable conciencia, pues no sería digno que allí entrara el Autor de la pureza» (Sermón Adviento I,10).

Con la liturgia de Adviento la comunidad cristiana está llamada a acentuar determinadas actitudes esenciales a la expresión evangélica de la vida: la vigilante y gozosa espera, la esperanza y la conversión.

Es lamentable que la sociedad de consumo intente con sus propagandas en estos días eclipsar el verdadero espíritu litúrgico del Adviento. Que el gozo espiritual se manifieste también en cosas externas y materiales no está reñido con el sentido litúrgico de este tiempo; pero sí lo está con el desbordamiento que esto tiene en nuestros días. Ya el mismo San Bernardo se lamentaba de las celebraciones mundanas del adviento:

«Los mundanos, aunque también celebran este recuerdo [de la venida de Cristo], no se conmueven con él interiormente. Y lo que todavía es peor, el mismo recuerdo de esta inestimable dignación de Dios se vuelve para ellos ocasión de delicias carnales, pues estos días los verás preparar con toda solicitud el lujo de los vestidos y de los alimentos, como si Cristo en su nacimiento pidiera semejantes cosas... Oye lo que Él mismo te dice: “¿para qué preparas con tantas ansias vestidos para mi nacimiento? Detesto la soberbia, no la amo. ¿A qué fin viene que procures con tanto cuidado las opíparas mesas de este tiempo? No me agradan las delicias del cuerpo, no las apruebo... No me reverencias sino con tu vientre”» (Sermón Adviento I,10).

En este Adviento preparemos, pues, ante todo nuestros corazones para recibir al Señor, que quiere venir a nosotros y entrar más adentro de nuestras vidas. Limpiemos la casa de nuestra conciencia con el sacramento de la penitencia. Acrecentemos estas semanas la oración, la limosna, las buenas obras y sobre todo el deseo del Salvador, que ya viene, y que nos trae nuevas luces y gracias.



domingo, 18 de mayo de 2014

DE LA CASA DE LA DIVINA SABIDURIA, LA VIRGEN MARÍA-SAN BERNARDO

 









1. ... Como hay varias sabidurías, debemos buscar qué sabiduría edificó para sí la casa. Hay una sabiduría de la carne, que es enemiga de Dios, y una sabiduría de este mundo, que es insensatez ante Dios. Estas dos, según el apóstol Santiago, son terrenas, animales y diabólicas. Según estas sabidurías, se llaman sabios los que hacen el mal y no saben hacer el bien , los cuales se pierden y se condenan en su misma sabiduría, como está escrito: Cogeré a los sabios en su astucia; Perderé la sabiduría de los sabios y reprobaré la prudencia de los prudente. Y, ciertamente, me parece que a tales sabios se adapta digna y competentemente el dicho de Salomón: Vi una malicia debajo del sol: el hombre que se cree ante sí ser sabio. Ninguna de estas sabidurías, ya sea la de la carne, ya la del mundo, edifica, más bien destruyen cualquiera casa en que habiten. Pero hay otra sabiduría que viene de arriba; la cual primero es pudorosa, después pacífica. Es Cristo, Virtud y Sabiduría de Dios, de quien dice el Apóstol: Al cual nos ha dado Dios como sabiduría y justicia, santificación y redención.

2. Así, pues, esta sabiduría, que era de Dios, vino a nosotros del seno del Padre y edificó para sí una casa, es a saber, a María virgen, su madre, en la que talló siete columnas. ¿Qué significa tallar en ella siete columnas sino hacer de ella una digna morada con la fe y las buenas obras? Ciertamente, el número ternario pertenece a la fe en la santa Trinidad, y el cuaternario, a las cuatro principales virtudes. Que estuvo la Santísima Trinidad en María (me refiero a la presencia de la majestad), en la que sólo el Hijo estaba por la asunción de la humanidad, lo atestigua el mensajero celestial, quien, abriendo los misterios ocultos, dice: "Dios, te salve, llena de gracia, el Señor es contigo"; y en seguida: "El Espíritu Santo vendrá sobre ti y la virtud del Altísimo te cubrirá con su sombra". He ahí que tienes al Señor, que tienes la virtud del Altísimo, que tienes al Espíritu Santo, que tienes al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Ni puede estar el Padre sin el Hijo o el Hijo sin el Padre o sin los dos el que procede de ambos, el Espíritu Santo, según lo dice el mismo Hijo: "Yo estoy en el Padre y el Padre está en mí". Y otra vez: "El Padre, que permanece en mí, ése hace los milagros" . Es claro, pues, que en el corazón de la Virgen estuvo la fe en la Santísima Trinidad.

3. Que poseyó las cuatro principales virtudes como cuatro columnas, debemos investigarlo. Primero veamos si tuvo la fortaleza. ¿Cómo pudo estar lejos esta virtud de aquella que, relegadas las pompas seculares y despreciados los deleites de la carne, se propuso vivir sólo para Dios virginalmente? Si no me engaño, ésta es la virgen de la que se lee en Salomón: ¿Quién encontrará a la mujer fuerte? Ciertamente, su precio es de los últimos confines. La cual fue tan valerosa, que aplastó la cabeza de aquella serpiente a la que dijo el Señor: "Pondré enemistad entre ti y la mujer, tu descendencia y su descendencia; ella aplastará tu cabeza"  Que fue templada, prudente y justa, lo comprobamos con luz más clara en la alocución del ángel y en la respuesta de ella. Habiendo saludado tan honrosamente el ángel diciéndole: "Dios te salve, llena de gracia", no se ensoberbeció por ser bendita con un singular privilegio de la gracia, sino que calló y pensó dentro de sí qué sería este insólito saludo. ¿Qué otra cosa brilla en esto sino la templanza? Mas cuando el mismo ángel la ilustraba sobre los misterios celestiales, preguntó diligentemente cómo concebiría y daría a luz la que no conocía varón; y en esto, sin duda ninguna, fue prudente. Da una señal de justicia cuando se confiesa esclava del Señor. Que la confesión es de los justos, lo atestigua el que dice: Con todo eso, los Justos confesarán tu nombre y los rectos habitarán en tu presencia. Y en otra parte se dice de los mismos: Y diréis en la confesión: Todas las obras del Señor son muy buenas .

4. Fue, pues, la bienaventurada Virgen María fuerte en el propósito, templada en el silencio, prudente en la interrogación, justa en la confesión. Por tanto, con estas cuatro columnas y las tres predichas de la fe construyó en ella la Sabiduría celestial una casa para sí. La cual Sabiduría de tal modo llenó la mente, que de su Plenitud se fecundó la carne, y con ella cubrió la Virgen, mediante una gracia singular, a la misma sabiduría, que antes había concebido en la mente pura. También nosotros, si queremos ser hechos casa de esta sabiduría, debemos tallar en nosotros las mismas siete columnas, esto es, nos debemos preparar para ella con la fe y las costumbres. Por lo que se refiere a las costumbres, pienso que basta la justicia, mas rodeada de las demás virtudes. Así, pues, para que el error no engañe a la ignorancia, haya una previa prudencia; haya también templanza y fortaleza para que no caiga ladeándose a la derecha o a la izquierda.

NO ERES MAS SANTO PORQUE NO ERES MAS DEVOTO DE MARÍA.
(San Bernardo)

sábado, 12 de abril de 2014

DOMINGO DE RAMOS. SOBRE LA PROCESIÓN Y LA PASIÓN. SERMÓN PRIMERO SERMON SAN BERNARDO

1.Con gran acierto, como tiene el Espíritu de su Esposo y de su Dios,  la Iglesia une hoy, con admirable y nueva sabiduría, la procesión y la Pasión. La procesión suscita vítores y la pasión lágrimas. Como estoy al servicio de sabios e ignorantes, intentaré explicar a todos el fruto de esta unión.
 Y comenzaré refiriéndome a los del mundo porque no es primero lo espiritual, sino lo animal. Que el hombre mundano observe y comprenda que la alegría termina en el pesar. Por eso aquel que practicó y enseñó tantas cosas, cuando se hizo hombre quiso demostrar personalmente con su palabra y su ejemplo lo que nos había dicho mucho antes por boca del Profeta: Toda carne es hierba, y su belleza como flor campestre y manifestándose en la carne se empeñó en experimentarlo en sí mismo. Aceptó, pues, el triunfo de la procesión, consciente de que estaba ya inminente el día terrible de la muerte.
 ¿Podrá alguien fiarse de la gloria versátil del mundo si contempla al Santo por excelencia y además Dueño supremo del universo, pasando rápidamente de la victoria más sublime al desprecio más absoluto? Una misma ciudad, las mismas personas y en unos pocos días le pasea triunfal entre himnos de alabanza y le acusa, le maltrata y le condena como a un malhechor. Así acaba la alegría caduca y a esto se reduce la gloria del mundo. El Profeta pide que el Señor viva en una gloria inmarcesible; es decir, que a la procesión no acompañe la pasión.
2.Vosotros, en cambio, sois espirituales y podéis captar un mensaje más espiritual: por eso os presentamos en la procesión la gloria de la patria celeste, y en la Pasión el camino que a ella conduce. Ojalá que la procesión te recuerde el gozo y alegría incomparables de nuestro encuentro con Cristo en el aire, cuando seamos arrebatados en las nubes. Y que te consumas en el deseo de ver el día glorioso en que Cristo entrará en la Jerusalén celestial. El irá como cabeza de un gran cuerpo; enarbolará el trofeo de la victoria, y no recibirá los aplausos de una turba vulgar, sino aquel himno de los coros angélicos y de los pueblos de la Antigua y de la Nueva alianza: Bendito el que viene en nombre del Señor.
 La procesión te dice a dónde nos dirigimos, y la Pasión nos muestra el camino. Los sufrimientos de hoy son el sendero de la vida, la avenida de la gloria, el camino de nuestra patria, la calzada del reino, como grita el ladrón crucificado: Señor, acuérdate de mi cuando llegues a tu reino. Lo ve caminar hacia el reino y le pide que, cuando llegue, se acuerde de él. También él llegó, y por un atajo tan corto que aquel mismo día mereció estar con el Señor en el Paraíso. La gloria de la procesión hace llevaderas las angustias de la pasión, porque nada es imposible para el que ama.
3.Y no te extrañe nada oír que esta procesión es símbolo de la celestial, ya que al mismo se le recibe en ambas, aunque las personas y el modo sean muy diversos. En esta procesión Cristo va sentado en un bruto animal: en aquella, en cambio, habrá animales racionales, como dice la Escritura: Señor, tu salvas a hombres y animales. Recordemos aquel otro pasaje: Soy como un animal ante ti y estaré siempre contigo. Y continúa, refiriéndose a la procesión: Tú agarras mi mano derecha, me guías según tus planes y me llevas a un destino glorioso.
 Ni siquiera faltarán allí los pollinos, aunque murmure el hereje que no deja venir a los niños y les niega el bautismo. También él fue niño y quiso verse acompañado de una hueste de niños: los inocentes. No excluye de su gracia a los niños, porque no desdice de su misericordia ni está reñido con su majestad que el don de la gracia supla las limitaciones de la naturaleza.
 Aquel gentío no alfombrará el camino con ramas ni pobres mantos, sino que los animales simbólicos plegarán sus alas, los veinticuatro ancianos ofrendarán sus coronas ante al trono del cordero, y todos los coros angélicos le brindarán y le dedicarán su gloria y hermosura.
4.Y ya que hemos hablado del asno, de los mantos y de las ramas de los árboles, quiero fijarme con más atención en las tres clases de ayuda que se le ofrecen en esta procesión al Salvador. La primera se la da el jumento en que va montado, la segunda los que tienden sus vestidos y la tercera los que cortan ramas de árboles. ¿No os parece que todos los demás le presentan lo que les sobra, y honran al Señor sin molestarse ellos en nada, a excepción del jumento que se le ofrece él mismo?
 ¿Me callo para evitaros el peligro de la vanidad o hablo para alentaros? Yo creo que ese asno en que Cristo va sentado sois vosotros que, en frase del Apóstol, glorificáis y lleváis a Cristo con vuestro cuerpo. Los hombres del mundo, cuando hacen limosna de sus bienes, no le ofrecen al Señor su cuerpo, sino lo que usa o necesita el cuerpo. Los prelados cortan ramas de árboles cuando hablan de la fe y obediencia de Abraham, de la castidad de José, de la mansedumbre de Moisés o de las virtudes de otros santos. No hacen más que tomarlo de sus bien nutridas despensas; y deben recibir gratuitamente lo que recibieron de balde. Si todos cumplen fielmente su ministerio, es indudable que participan en la procesión del Salvador y entran con él en la ciudad santa, porque el Profeta predijo las tres clases de hombres que se salvarán: Noé cortando ramas para hacer el arca, Daniel que con su ayuno y abstinencia se convierte en el jumento que lleva al Salvador, y Job que hace buen uso de los bienes de este mundo y abriga a los pobres con la lana de sus ovejas. ¿Quién va más cerca de Jesús en la procesión? ¿Quién de los tres está en contacto más inmediato con la salvación? Creo que os es muy fácil comprenderlo.
RESUMEN:
San Bernardo invierte el orden de la Semana Santa. La pasión será la forma de llegar a la procesión. Por otra parte reivindica la figura del jumento, el más cercano a Cristo, el que lo sigue más ciegamente. Establece tres formas de llegar a Dios: la fe ciega del borrico sometido a obligaciones y privaciones, aportar ramas para construir el arca que es el vehículo de la salud y ayudar a los demás (a los pobres) haciendo buen uso de los bienes que nos otorga nuestro Salvador

viernes, 1 de noviembre de 2013

OFICIO DE LECTURA: APRESURÉMONOS HACIA LOS HERMANOS QUE NOS ESPERAN


De los Sermones de san Bernardo, abad
(Sermón 2: Opera omnia, edición cisterciense, 5 [1968], 364-368 )

APRESURÉMONOS HACIA LOS HERMANOS QUE NOS ESPERAN

¿De qué sirven a los santos nuestras alabanzas, nuestra glorificación, esta misma solemnidad que celebramos? ¿De qué les sirven los honores terrenos, si reciben del Padre celestial los honores que les había prometido verazmente el Hijo? ¿De qué les sirven nuestros elogios? Los santos no necesitan de nuestros honores, ni les añade nada nuestra devoción. Es que la veneración de su memoria redunda en provecho nuestro, no suyo. Por lo que a mí respecta, confieso que, al pensar en ellos, se enciende en mí un fuerte deseo.

El primer deseo que promueve o aumenta en nosotros el recuerdo de los santos es el de gozar de su compañía, tan deseable, y de llegar a ser conciudadanos y compañeros de los espíritus bienaventurados, de convivir con la asamblea de los patriarcas, con el grupo de los profetas, con el senado de los apóstoles, con el ejército incontable de los mártires, con la asociación de los confesores, con el coro de las vírgenes, para resumir, el de asociarnos y alegrarnos juntos en la comunión de todos los santos. Nos espera la Iglesia de los primogénitos, y nosotros permanecemos indiferentes; desean los santos nuestra compañía, y nosotros no hacemos caso; nos esperan los justos, y nosotros no prestamos atención.

Despertémonos, por fin, hermanos; resucitemos con Cristo, busquemos las cosas de arriba, pongamos nuestro corazón en las cosas del cielo. Deseemos a los que nos desean, apresurémonos hacia los que nos esperan, entremos a su presencia con el deseo de nuestra alma. Hemos de desear no sólo la compañía, sino también la felicidad de que gozan los santos, ambicionando ansiosamente la gloria que poseen aquellos cuya presencia deseamos. Y esta ambición no es mala, ni incluye peligro alguno el anhelo de compartir su gloria.

El segundo deseo que enciende en nosotros la conmemoración de los santos es que, como a ellos, también a nosotros se nos manifieste Cristo, que es nuestra vida, y que nos manifestemos también nosotros con él, revestidos de gloria. Entretanto, aquel que es nuestra cabeza se nos representa no tal como es, sino tal como se hizo por nosotros, no coronado de gloria, sino rodeado de las espinas de nuestros pecados. Teniendo a aquel que es nuestra cabeza coronado de espinas, nosotros, miembros suyos, debemos avergonzarnos de nuestros refinamientos y de buscar cualquier púrpura que sea de honor y no de irrisión. Llegará un día en que vendrá Cristo, y entonces ya no se anunciará su muerte, para recordarnos que también nosotros estamos muertos y nuestra vida está oculta con el. Se manifestará la cabeza gloriosa y, junto con él, brillarán glorificados sus miembros, cuando transfigurará nuestro pobre cuerpo en un cuerpo glorioso semejante a la cabeza, que es él.

Deseemos, pues, esta gloria con un afán seguro y total. Mas, para que nos sea permitido esperar esta gloria y aspirar a tan gran felicidad, debemos desear también en gran manera la intercesión de los santos, para que ella nos obtenga lo que supera nuestras fuerzas.


miércoles, 9 de octubre de 2013

BUSQUEDA DE DIOS Y PROGRESO ESPIRITUAL


El uso más frecuente del término y la experiencia espiritual más corriente, en la doctrina de
Bernardo y Elredo, consiste en la experiencia de la búsqueda de Dios y del progreso
espiritual. Se trata, en otras palabras, de la experiencia del amor en el camino hacia Dios a través de diferentes etapas o grados. Esta experiencia del amor, en su manifestación más
clara y fuerte, consiste en el libre consentimiento a la voluntad divina: Busca al Verbo a fin
de consentir, es El quien te da la gracia del consentimiento (Bernardo, SC 85:1).
Obviamente que nuestros Padres no ignoran la experiencia propiamente mística aunque no
siempre distinguen el carácter más o menos extraordinario de ella. Utilizan una amplia
terminología y simbología para hablar de la misma.
-Bernardo: reposo, sábado, éxtasis, visitas, rapto, besos, unión, matrimonio, unidad
de espíritu, deificación...
-Guillermo: reposo, ocio, sábado, éxtasis, visitas, teofanías, iluminaciones, unción,
banquete, besos, unión, unidad, abrazo, accubitus, unidad de espíritu...
-Elredo: visitas, reposo, elevación, sábado...
-Guerrico: unidad de espiritu...
-Isaac de la Estrella: ocio, unión, nube luminosa...
-Gilberto de Hoyland: reposo, sábado, unión...
Para nuestros autores, la experiencia ascética (esfuerzo y ejercicio para vivir) y la
experiencia mística son dos realidades conjuntas en un único proceso sobrenatural hacia Dios.

lunes, 23 de septiembre de 2013

EN LA ORACION

Al comienzo de la oración, tengamos una gran fe en Dios presente, estemos cara a cara con El.
LA JORNADA MONÁSTICA SEGÚN NUESTROS PADRES. P. ROBERT THOMAS, O.C.S.O

Ya vimos cómo san Bernardo en su sermón 25 Var. habla de la "entrada" en la salmodia o en la oración; hay que sentirse como introducido en la corte del Rey celestial, tener profundos sentimientos de humildad, tomar conciencia de nuestra indignidad y de la majestad de Dios, y sobre todo, alegrarse de presentarse así, tan indigente y por eso mismo, ser admitido en la presencia del Señor: "Nosotros, nos presentamos como somos, para hablar con Dios cara a cara" 8•
Guillermo - lo vimos también -, invita, cuando el espíritu está todavía vacío, después del sueño, a ponerse en la presencia de Dios, especialmente, antes del Oficio de la noche: "Quedamos ante Dios - nos instalamos, literalmente -, cara a cara con Él" 9. Guillermo se ve como "dejándolo todo, yendo en pos del Señor subiendo al monte para ver al Señor y ser visto por El" 10. Todo lo demás se desvanece, se volatiza y sólo está Dios, Dios como presencia real. Se siente como "cogido" desde el principio por la presencia real de Dios. Sin duda que ya estaba allí el Señor, pero puede decir como Jacob: "Dios estaba aquí y no lo sabía". Y querría decir "¡Ah, entonces eres Tú!"
Veamos unas frases de Guillermo muy evocadoras:

¡He aquí, Él mismo está ahí, detrás de nuestro muro! Observad viéndole venir: la Esposa comienza a gritar: ¡Ah, he ahí, es Él! y en cuanto lo ve cerca: ¡He aquí, es Él! exclama Ella como afirmando: Es Él, ¡Él en persona! 11.

El alma en su simplicidad, viene a su Dios, a su Señor. Ella se dice más o menos de esta manera: "¡Sólo Dios! ¡Sólo Dios! ¡He ahí la verdad!". La oración es un tiempo de verdad con Dios. Se restablece la escala de valores: todo lo demás sobra. Dios en cambio crece en el alma: ¡Sólo Dios!
Dios no necesita esperar largos años para deslumbrar al alma con su presencia, para sacarla fuera de sí (hipnotizarla). Es en ese instante cuando el alma lo siente presente en sí misma:

¡Desgraciado del que está solo! dice Salomón (Ecl 4,10). ¡Ah, así, desgraciado de mí cuando estoy solo, si Tú no estás conmigo y yo contigo! Dichoso, el más dichoso de los hombres me siento cuando veo que estás conmigo... 12.
Elredo tiene unas palabras que fácilmente podríamos pasar inadvertidas en la lectura, pero creo que tienen mucho sentido. Comienza con la frase de Isaías: "Elevad la voz, levantad las manos" (Is 13,2). Sí, el Profeta levanta las manos puras durante la oración que presenta a los ojos de Dios, a su mirada divina - diviyais sese praesentat obtutibus – 13

Ponerse bajo la mirada de Dios, hacerse ver por Él. Puede transcurrir todo el tiempo de la oración haciéndose ver y mirar por Dios. Es el tiempo de la verdad: se es visto por Dios tal como se es. Sí, es bueno cuando nos ponemos en oración y experimentamos que Dios está allí. Dios nos ha precedido. Veamos un texto de Guillermo sobre esto. No es preciso ponerse en presencia de Dios, pues Él ya está presente. Mas con frecuencia se necesita "ponerse en presencia de Dios". Y hay que dejar todo lo demás, todo lo que nos ocupa y nos preocupa, lo que nos acapara, nos importuna, nos distrae; todo cuanto nos engaña para que no tengamos el coraje de vernos como somos realmente... pues si no se da esta actitud, la puerta de Dios no se abre. Esta es la actitud del publicano y es la única llave para abrise a Dios. ¡Cuántas veces creemos que oramos y estamos echando incienso a nuestro ídolo tan querido, nuestro yo!

viernes, 13 de septiembre de 2013

VIERNES XXIII T.O. ¿PUEDE UN CIEGO GUIAR A OTRO CIEGO?



El Señor en este día nos da un toque de atención: no queráis ser maestros antes de tiempo. No se que tenemos, que mecanismos se producen en nuestro interior que siempre estamos dispuestos a enseñar, de aconsejar, de arreglar lo que vemos en los otros cuando nuestro interior está manga por hombro. Es cierto que cuanto mayor es nuestro desorden, nuestra ignorancia, nuestra incapacidad, mayor es nuestro deseo de arreglar todo lo que hay fuera, nos refugiamos en la exterioridad porque nuestra interioridad es un caos desordenado que nos asusta. Como estamos fuera de nosotros mismos la curiosidad nos lleva a ver todas las pajas que nuestros hermanos llevan en sus ojos, cegados por la inmensa viga que portamos. Necesitamos humildad para dejarnos formar en la vida espiritual, necesitamos docilidad para dejar que otro ilumine nuestro ojo interior y nos ayude a quitar la viga.
Cuando te has llenado del amor, de la compasión, de la misericordia de Dios, entonces el amor se hará fecundo en ti y podrás dar a los demás de aquello de que estás lleno.


San Bernardo lo explica genialmente en un sermón sobre el Cantar de los Cantares:


"Hay que guardarse mucho de dar lo que hemos recibido para nosotros, o de reservarnos lo que se nos ha dado para distribuirlo. Te guardarías para ti lo que es del prójimo si, lleno de virtudes y dones de sabiduría y de palabra, por timidez quizá o desidia, o por una humildad sin discernimiento, con un silencio estéril y censurable, encadenases la palabra de edificación; serías maldito por acaparar el pan del pueblo. Y a la inversa, desperdigarías y echarías a perder lo tuyo, si antes de colmarte tú plenamente, lleno a medias, te apresuras a derramarte. Porque te privas de la vida y salvación que das a otro, si vacío de buena intención, te hinchas con el soplo de la vanagloria o te envenenas con la ponzoña del egoísmo terreno, para destrozarte en el tumor letal.
Si eres sensato, preferirás ser concha y no canal; éste según recibe el agua la deja correr. La concha no: espera a llenarse y, sin menoscabo propio, rebosa lo que le sobra, consciente de que caerá la maldición sobre el que malgaste lo que le ha correspondido. Hoy nos sobran canales en la Iglesia y tenemos poquísimas conchas. Parece ser tan grande la caridad de quienes vierten sobre nosotros las aguas del cielo, que prefieren derramarlas sin embeberse de ellas, dispuestos más a hablar que a escuchar, ya a enseñar lo que no aprendieron. Se desviven por regir a los demás y no saben controlarse a sí mismos".


Hno Carlos Torrejón

lunes, 19 de agosto de 2013

20 DE AGOSTO FESTIVIDAD DE SAN BERNARDO DE CLARAVAL

Hoy celebramos la festividad de San Bernardo, Abad del Cister y Doctor de la Iglesia.
Es bien conocida la vinculación de San Bernardo, con el Temple en concreto a traves de su obra "De Laude", tratado sobre la Nueva Milicia de Cristo donde hace toda una defensa y argumentación sobre la Orden del Temple. Asi como la propia Regla.
Para comprender todo el sentido espritual y militar de la Orden del Temple os dejamos un breve trabajo sobre su vida y un estudio sobre su obra más emblemática en favor de los Pobres Caballeros de Cristo.




martes, 13 de agosto de 2013

EL AMOR ILUMINADO COMO CAMINO HACIA LA PLENITUD HUMANA.(SAN BERNARDO)



El amor no es un mero sentimiento, es un modo de conocer que transforma al conocedor en lo conocido; por el amor se descubre el conocedor como relación inseparable con lo conocido sin fusionarse ni separarse de él. No es que
descubra que está en relación sino que descubre que ES Relación (eso es lo que significa ser persona: ser relación). El Amor nos hace ver que el Tú y el Yo son como los dos polos de una única realidad sin dejar de ser lo que son.
Para San Bernardo el núcleo de lo humano no es la razón abstracta ni el sentimiento, es la Voluntad, entendida no como
mera capacidad de elegir, sino como “inteligencia sentiente”
(Zubiri), como inteligencia que une e integra la razón y los
entimientos conociendo la realidad en un solo acto de intelección que verdaderamente transforma, deja una huella (afectus es el término empleado por los cisterciense para hablar de este tipo de conocimiento o amor que impresiona el “alma” y la transforma).
El camino espiritual supone ir ordenando los “afectus”,
es decir, ir creciendo en el amor, haciendo que su objeto y su modo de unirse a
él sea cada vez más amplio hasta abarcar toda la realidad. El hombre no puede limitarse a un amor meramente humano porque es Capax Dei (San Agustin), imagen y semejanza de Dios, llamado a amar con el amor infinito de Dios desde su finitud. Por eso, se preguntará San Bernardo: ¿Cuál es la medida del amor (humano)? Y se responderá: Amar sin medida.
Bernardo elaborará un mapa de los grados del amor que debemos ir recorriendo hasta alcanzar la plenitud del amor que es la plenitud humana, lo que llaman el amor iluminado, un amor en el que la razón y el sentimiento se transcienden y a la vez se unifican e integran, uniéndose el hombre a toda la realidad: Dios, el Hombre y el Cosmos.

El primer grado del amor para Bernardo es al amor al hombre como hombre, es el amor primero que debemos tener para poder recorrer el camino espiritual, si no nos amamos a nosotros mismos no podremos amar a los demás, ni a Dios. Este amor nos humaniza, nos hace crecer como personas y nos debería llevar al amor social, el amor a los demás, aunque a veces se encierra en sí mismo y nos lleva al narcisismo y al pecado. Sin embargo, es un amor que no nos satisface plenamente, necesitamos seguir creciendo en nuestro amor y por ello, nos abrimos a la realidad Transcendente, a Dios, para encontrar sentido en nuestra vida.

El segundo grado del amor es el amor a Dios porque lo necesitamos, es un amor a Dios inmaduro, poco gratuito, buscamos que nos solucione la vida y satisfaga nuestras necesidades, es un amor a Dios todavía egoísta, pero necesario para ir creciendo a formas mayores; hemos de pasar por este amor muy sentimental y ciertamente algo narcisista, a veces fundamentalista. Para Bernardo es un amor de mercenario, buscamos una recompensa.

El tercer grado del amor es el Amor a Dios por él mismo, el amor gratuito, el amor de Hijo. Es el momento de las experiencias de iluminación, de olvido de nosotros en Dios. Sin embargo para Bernardo no es el último grado, pues el hijo todavía espera una cierta herencia en el fondo de sí (la experiencia espiritual). Puede generar un narcisismo espiritual.

El cuarto y último grado del amor es el amor al hombre desde Dios, volvemos nuestros ojos hacia el mundo y los hombres y los vemos con los ojos de Dios, ojos amorosos, redentores y liberadores. Es amor de esposa que colabora con el esposo en redimir y liberar el mundo. Se libera incluso del deseo de experiencias espirituales, lo importante es cumplir la Voluntad del Padre unido a Cristo sin dejar de ser lo que somos. Nunca se alcanza en plenitud y, de hecho, nunca podemos estar seguros de estar en este nivel, pues es un nivel que se escapa a todo control humano, actúa más allá de nosotros, nosotros sólo podemos hacer lo que nos toca hacer y ser lo que somos, pobres de Cristo; sin embargo, desde este lugar somos bendición sin saberlo para el mundo por pura Gracia de Dios. La plenitud del amor nos hace totalmente pobres y totalmente plenos, lo divino y lo humano se unifican sin fusionarse ni separarse, cuanto más humanos más divinos y cuanto más divinos más humanos esposa que colabora con el esposo en redimir y liberar el mundo. Se libera incluso del deseo de experiencias espirituales, lo importante es cumplir la
voluntad del Padre unido a Cristo sin dejar de ser lo que somos. Nunca se alcanza en plenitud y, de hecho, nunca podemos estar seguros de estar en este nivel, pues es un nivel que se escapa a todo control humano, actúa más allá de nosotros, nosotros sólo podemos hacer lo que nos toca hacer y ser lo que somos,
pobres de Cristo; sin embargo, desde este lugar somos bendición sin saberlo para el mundo por pura Gracia de Dios. La plenitud del amor nos hace totalmente pobres y totalmente plenos, lo divino y lo humano se unifican sin fusionarse ni
separarse, cuanto más humanos más divinos y cuanto más divinos más humanos.
 

martes, 23 de julio de 2013

EL SENTIDO ESPIRITUAL DE LA BATALLA






De los simbolismos más importantes que encontramos en la obra de San Bernardo es la que atañe al concepto de BATALLA. En la Edad Media era normal vincular este simbolismo a la vida diaria y a la vida espiritual.
El arquetipo es el guerrero, que representa el sentido activo y viril. Es quien posee la fuerza y la voluntad que ordenan el mundo de los hombres. Su papel en la sociedad  es proteger el Reino en general pero además especialmente a los débiles (mujeres, niños, ancianos) .
La guerra es el lugar donde se enfrentan los miedos , los aspectos negativos del ser, al fin de consolidar la disciplina interna. Toda confusión  debe ser aniquilada, pues allí mora la debilidad
La senda espiritual exige lo mejor de uno , el sacrificio constante , incluso la propia vida. Para renacer a la dimensión espiritual debemos despojarnos del pasado, de los hábitos y seguridades para seguir a Cristo con toda el alma y para siempre.
Pero antes de ir al campo de batalla es necesaria la preparación, Se debe acudir al combate purificado  para hacer mas efectivo los beneficios emanados de la batalla. No olvidar llevar el escudo símbolo de repliegue para triunfar. La espada símbolo de rectitud, intrepidez , virilidad;
Y el arco y la flecha signos de altura y rapidez.
San Agustín  establece dos Jerusalén o ciudades de Dios (la celestial y la terrenal) puede decirse también que existe dos cabllerias:
La terrenal  la q libra la batalla por la fe  en nuestro plano de realidad ( la futuwwab de los musulmanes) y la otra la espiritual. Para acceder a esta debemos ser particípes de la terrenal. Los caballeros templarios se encontraban en tal vía.
CODEX TEMPLI



sábado, 1 de junio de 2013

EL UNICO VALOR QUE EXISTE ES CRISTO JESÚS

Para San Bernardo sólo hay un nombre que cuenta, el de Jesús Nazareno. "Árido es todo alimento del alma —confiesa— si no se lo rocía con este aceite; insípido, si no se lo sazona con esta sal. Lo que escribes no tiene sabor para mí, si no leo allí a Jesús". Y concluye: "Cuando discutes o hablas, nada tiene sabor para mí, si no siento resonar el nombre de Jesús" (Sermones in Cantica canticorum XV, 6: PL 183, 847). "Miel en la boca, cántico en el oído, júbilo en el corazón" ;el verdadero conocimiento de Dios consiste en la experiencia personal, profunda, de Jesucristo y de su amor. Y esto, vale para todo cristiano: la fe es ante todo encuentro personal íntimo con Jesús, es hacer experiencia de su cercanía, de su amistad, de su amor, y sólo así se aprende a conocerlo cada vez más, a amarlo y seguirlo cada vez más.
LA COMUNION CON CRISTO
Para ser un buen peregrino y para recorrer el camino que lleva al Cielo, el monje necesita ser fortalecido. Los mártires debían su fuerza, su gran fortaleza, al alimento del Cuerpo de Cristo. Los monjes, no pudiendo entregar "su más grande amor", que es el don de la vida por la efusión de la sangre, han querido por inspiración del Espíritu Santo, dar con su forma de vida, una entrega de amor absoluta. Así es como lo dicen san Bernardo y Guerrico . Una forma de martirio que dura toda la vida. Por eso el monje necesita ser fortalecido con este verdadero alimento que es el Cuerpo de Cristo:
La carne de Cristo es nuestra provisión en nuestro camino (viático=viaticum), y el Espíritu Santo el vehículo (Spiritus Vehiculum),7 . El Cordero Pascual invita a sus amigos al delicioso banquete de su
Cuerpo y de su Sangre diciendo: "¡Venid, amigos míos, bebed y embriagaos, queridos míos!" (Cant 5,1) 8.
Felizmente Tú nos has dicho: "El que me coma no volverá a tener, hambre (Sal 24,29). También, "...hasta que pase la calamidad" (Sal 56,1). Pero todavía no han cesado de tener hambre. Vendrá un tiempo en que no tendrán más hambre, ni sed. En la espera, reparte este pan cada día a los que tienen hambre. Aunque hoy, y cada día recogemos sólo unas migajas, y enseguida volvemos a tener necesidad del pan cotidiano. Si Tú no les das pan ¿Quién se lo dará?
Cuando tomamos a Cristo en el Sacramento del altar, tenemos que tomarlo apresuradamente. No es que se deban celebrar los ritos de la Misa precipitadamente, sin gravedad ni respeto. Pero cuando llega el momento de la comunión, hay que tomar sin retardarse lo que se debe recibir con gran deseo. Porque este alimento debe tomarse como el deseo de un gran deseo, con ávida codicia. El que se aproxima a la comunión debe tomarla como un hambriento; toma su alimento como un hombre muerto de sed toma una bebida; como el que no puede soportar la espera y ve demorarse una gracia tan grande.


Si no participamos de la Eucaristia...no podremos entrar en union con Cristo, la Eucaristia es esencial puesto que El nos invita a entrar en comunión, es acoger a Cristo en nuestro interior, como un ejercicio de compromiso ...aqui estoy Señor, toma mi interior y dame luz, invítame a participar de tu cuerpo y de Tu Cruz, como mi cuerpo y mi Cruz.

jueves, 14 de marzo de 2013

LA VOLUNTAD PROPIA SEGUN SAN BERNARDO



San Bernardo en esta obra intenta confrontar lo que significa dejar nuestra voluntad propia a las exigencias de la regla, y de lo que significa afrontar una vida monástica.

 El amor se opone a la voluntad propia: el amor exige gratuitidad, desembarazarnos de nuestra deseos y necesidades para buscar el bien comun que esta en los demás y en lo que nos rodea. Dios nos otorg el libre albedrio o facultad para elegir; el propio consentimiento de lo contrario no podriamos hacer ni el bien ni el mal.Pero la voluntad necesita del juicio y de la libertad para determinar las propias acciones. Le otorga dinamismo y capacidad volutiva que le lleve a obrar.

Dios nos dio esa libertad de someter nuestros caminos en una direccion u otra,esa es la Gracia divina otorgada al hombre de poder elegir entre el bien o el mal, un camino u otro.Sin embargo San Bernardo no otorga en este trabajo una negatividad a la voluntad propia: egoismo, deseo, interes...ego.....Con la base de la Regla el monje puede dirigir su voluntad hacia el bien y con el seguimiento de un guia espiritual. La voluntad ennoblece las acciones, otorga belleza, sentido, tampoco sin ella se hace nada. Pero hay que tener cuidado que no se desdoble y se encamine hacia lo que  se aleja del Plan de Dios, de su voluntad....En este caso, el hombre debe desarraigarse de ella y ofrecer a Dios nuestro compromiso de abandonarnos a sus desgnios, esto es hacia el amor y la caridad.
La voluntad en este caso...se llena de racionalidad (se actua por y para qué, un por qué y unas premisas), objetividad, coherencia y sabiduría.
Hay que diferenciar entre VOLUNTAD PROPIA Y VOLUNTAD COMUN...Dos formas de querer, de actuar distintas entre si que no tiene que contraponerse...la vol. común va hacia Dios, el amor, la verdad absoluta....el bien...la voluntad propia no es de Dios es de cada persona...La propia puede hacerse comun cuando elegimos libremente acercarnos a Dios y dejamos nuestro ego (implica un proceso interno de búsqueda y de espiritualidad) el hombre ya no se ve asi mismo si no solo ve a Dios, en este caso su voluntad deja de ser propia, busca los deseo de Dios, que no es mas la justicia, la misericorida, hacia un enriquecimiento del espiritu.

El que camina hacia Dios tiene que concienciarse de que si queremos buscar a Dios ( deseo propio, evidencia, certezas convencimiento...) tiene que caminar a la gratuitidad.....en ese momento ya no actua en nombre de sí mismo si no en nombre de Dios a sometido su voluntad   .....cuando dentro de una comunidad esto sucede ya no hay voluntades...solo hay una única e indivisible la unidad, la común Dios.