Una medicina espiritual que sirve para difundir en todas partes el amor, el perdón y la fraternidad.
Al término del concurridísimo Ángelus de este soleado domingo en Roma,
el papa Francisco recetó un medicamento a los miles de fieles y peregrinos
que se agolpaban en San Pedro. "Es el contenido de una cajita, que
algunos voluntarios distribuirán mientras dejan la plaza", afirmó
divertido. Y aclaró que "se trata de una ‘medicina espiritual’, llamada
Misericordina".
En ese momento, desde la ventana de su
estudio en el Palacio Apostólico, el santo padre blandía el particular
regalo. Dentro, una corona del Rosario, "con la cual se puede rezar
también la Coronilla de la Divina Misericordia".
Con este
gesto, explicó el pontífice, su intención era sugerir a todos los
presentes en la plaza "un modo para concretar los frutos del Año de la
Fe, que llega al final". Y el papa concluyó sus palabras asegurando que
la 'Misericordina' es "una ayuda espiritual para nuestra alma y para
difundir en todas partes el amor, el perdón y la fraternidad".
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Quieres saber cuál es la fe que da vida y consigue la victoria? Aquella por la cual Cristo habita en lo íntimo de nuestro ser. El es nuestra virtud y nuestra vida. Cuando se manifieste Cristo, que es nuestra vida, dice el Apóstol, os manifestaréis también vosotros gloriosos con él. Esa gloria será vuestra victoria. Y nos manifestaremos con él porque vencemos por él. Solamente llegan a ser hijos de Dios los que reciben a Cristo, y únicamente en ellos se cumple lo que dice la Escritura: todo el que nace de Dios, vence al mundo.
SAN BERNARDO
Si tienes un secreto, escóndelo o revélalo (proverbio árabe)
Preámbulo de la Regla Primitiva del Temple
Nos dirigimos en primer lugar a aquellos que desprecian seguir su propia voluntad y
desean servir, con pureza de ánimo, en la caballería del rey verdadero y supremo, y a los que quieren cumplir, y cumplen, con asiduidad, la noble virtud de la obediencia. Por eso os
aconsejamos, a aquellos de vosotros que pertenecisteis hasta ahora a la caballería secular,en la que Cristo no era la única causa, sino el favor de los hombres, que os apresuréis a asociaros perpetuamente a aquéllos que el Señor eligió entre la muchedumbre y dispuso, con su piadosa gracia, para la defensa de la Santa Iglesia.
Por eso, oh soldado de Cristo, fueses quien fueses,
que eliges tan sagrada orden, conviene que en tu profesión lleves una pura diligencia y firme
perseverancia, que se sabe que es tan digna y sublime para con Dios que, si pura y
perseverantemente se observa por los militantes que diesen sus almas por Cristo, merecerán
obtener la suerte; porque en ella apareció y floreció una orden militar, ya que la caballería,
abandonando su celo por la justicia, intentaba no defender a los pobres o iglesias sino
robarlos, despojarlos y aun matarlos; pero sucedió que vosotros, a los que nuestro señor y
salvador Jesucristo, como amigos suyos, dirigió desde la Ciudad Santa a habitar en Francia y
Borgoña, no cesáis, por nuestra salud y propagación de la verdadera fe, de ofrecer Dios
vuestras almas en víctima agradable a Dios......SAN BERNARDO
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lunes, 18 de noviembre de 2013
lunes, 18 de marzo de 2013
EL SANTO PADRE: "SI DIOS NO PERDONASE TODO, EL MUNDO NO EXISTIRÍA"
Ciudad del Vaticano, 17 marzo 2013 (VIS).-
"No olvidéis esto: el Señor nunca se cansa de perdonar ¿Habéis pensado en la paciencia de Dios con cada uno?". El Papa Francisco se lo decía a las cerca de 200.000 personas que habían viajado de toda Italia durante la noche y, los días anteriores, de otros muchos países del mundo, para poder vivir este primer ángelus con el nuevo Papa. Para todos, una cita histórica.
"No olvidéis esto: el Señor nunca se cansa de perdonar ¿Habéis pensado en la paciencia de Dios con cada uno?". El Papa Francisco se lo decía a las cerca de 200.000 personas que habían viajado de toda Italia durante la noche y, los días anteriores, de otros muchos países del mundo, para poder vivir este primer ángelus con el nuevo Papa. Para todos, una cita histórica.
Duró
15 minutos, no más, buena parte de ellos escuchados en silencio: "Si
Dios no perdonase tanto, el mundo no existiría", afirmó el Santo Padre. Y
desde la plaza, desde la Vía de la Conciliazione, desde las calles
vecinas no se oía ni un chasquido. El Romano Pontífice, Francisco,
hablaba en italiano. "Me gusta, mi Papa", decía con su media lengua
Francesco, 3 años, en hombros de su padre.
"Estoy
contento de que este encuentro con vosotros sea en domingo; este es un
día para que nosotros los cristianos nos saludemos, hablemos, como lo
estamos haciendo aquí, ahora, en esta plaza grande, que gracias a la
medida, tiene las dimensiones del mundo".
El
encuentro llevaba días preparándose. A través de los medios -sobre todo
la televisión y la radio- muchos tenían ya una idea de quién era el
nuevo Papa. "Lo vi en televisión y me conmovió... por su humildad... Es
uno de los nuestros", comentaba Angélica, 30 años, que se había
levantado a las 6 de la mañana para llegar a San Pedro.
El
Santo Padre ha querido comentar el evangelio del día, los pasajes que
narran el episodio de la mujer adultera. "El rostro de Dios es el de un
Padre misericordioso que siempre tiene paciencia (…) No se cansa de
perdonarnos si sabemos volver a El con el corazón contrito. Grande es la
misericordia del Señor". Afirmaciones contundentes por parte del nuevo
Papa que él combina con comentarios espontáneos, hechos al margen,
llenos de buen humor.
Publicamos
a continuación el texto completo de las palabras del Papa: "Hermanos y
hermanas, buenos días. ¡Después de la primera reunión del miércoles
pasado, hoy de nuevo puedo saludar a todos! ¡Y estoy feliz de hacerlo en
domingo, en el día del Señor! Esto es hermoso e importante para
nosotros cristianos, reunirnos el domingo, saludarnos, hablarnos como
ahora aquí, en la plaza. Una plaza que, gracias a los medios de
comunicación, tiene la dimensión del mundo. En este quinto domingo de
Cuaresma, el Evangelio nos presenta el episodio de la mujer adúltera, a
la que Jesús salvó de la condena a muerte. Nos conmueve la actitud de
Jesús: no escuchamos palabras de desprecio, no escuchamos palabras de
condena, sino sólo palabras de amor, de misericordia, que invitan a la
conversión "Tampoco yo te condeno ¡Vete y ya no vuelvas a pecar!" ¡Oh,
hermanos y hermanas, el rostro de Dios es el de un padre misericordioso,
que siempre tiene paciencia! ¿Habéis pensado en la paciencia de Dios,
la paciencia que tiene con cada uno de nosotros? ¡Eh, esa es su
misericordia! Siempre tiene paciencia: tiene paciencia con nosotros, nos
comprende, nos espera, no se cansa de perdonarnos si sabemos volver a
Él con el corazón contrito. "Grande es la misericordia del Señor."
Luego
continuó: "En estos días, he podido leer un libro de un cardenal -el
Cardenal Kasper, un teólogo muy competente, ¿eh?, un buen teólogo– sobre
la misericordia. Y me ha hecho mucho bien, ese libro, pero no penséis
que hago publicidad que a los libros de mis cardenales, ¿eh? No es así,
pero me ha hecho tanto bien, tanto bien... El cardenal Kasper decía que
sentir misericordia, esta palabra cambia todo. Es lo mejor que podemos
oír: cambia el mundo. Un poco de misericordia hace el mundo menos frío y
más justo. Necesitamos entender bien esta misericordia de Dios, este
Padre misericordioso, que tiene tanta paciencia... Recordemos el profeta
Isaías, que afirma que aunque nuestros pecados fuesen color rojo
escarlata, el amor de Dios los convertirá en blancos como la nieve".
A
continuación comentó: "¡Es hermoso, lo de la misericordia! Recuerdo,
cuando apenas era obispo, en 1992, llegó a Buenos Aires la Virgen de
Fátima y se hizo una gran misa para los enfermos. Fui a confesar, a
aquella misa. Y casi al final de la misa me levanté porque tenía que
administrar una confirmación. Vino hacia mí una mujer anciana, humilde,
muy humilde, de más de ochenta años. La miré y le dije: "Abuela – porque
allí llamamos así a los ancianos- abuela, ¿se quiere confesar?" "Sí",
me dijo. "Pero si usted no ha pecado..." Y ella me dijo: "Todos tenemos
pecados"... "Pero el Señor ¿no la perdona?" "El Señor perdona todo" me
dijo, segura. "Pero, ¿cómo lo sabe usted, señora?". "Si el Señor no
perdonase todo, el mundo no existiría".
Me
entraron ganas de preguntarle: "Dígame, señora, usted ha estudiado en
la Universidad Gregoriana?", porque esa es la sabiduría que da el
Espíritu Santo: sabiduría interior de la misericordia de Dios. No
olvidemos esta palabra: ¡Dios nunca se cansa de perdonarnos, nunca!”. El
Papa, poniéndose en el lugar del sacerdote, ha improvisado un diálogo:
“Entonces, padre, ¿cuál es el problema?". "Bueno, el problema es que
nosotros nos cansamos de pedir perdón! Pero El nunca se cansa de
perdonar; somos nosotros los que , a veces, nos cansamos de pedir
perdón. Y no tenemos que cansarnos nunca, nunca. Él es el Padre amoroso
que perdona siempre y cuyo corazón está lleno de misericordia para todos
nosotros. Tenemos que aprender a ser más misericordiosos con todos.
Invoquemos la intercesión de la Virgen María, que ha tenido en sus
brazos a la Misericordia de Dios hecho hombre ".
Al
final del Ángelus, el Papa ha saludado a las decenas de miles de fieles
que llenaban la Plaza de San Pedro: "Gracias por vuestra acogida y
vuestra oración - ha dicho- Os pido que recéis por mí. Renuevo mi abrazo
a los fieles de Roma y lo extiendo a todos vosotros, que habéis venido
de varias partes de Italia y del mundo, así como a aquellos que se unen a
nosotros a través de los medios de comunicación. He elegido el nombre
del santo patrono de Italia, San Francisco de Asís y esto refuerza mis
lazos espirituales con esta tierra, de la que- como sabéis - es
originaria mi familia. Pero Jesús nos ha llamado a ser parte de una
nueva familia: su iglesia; esta familia de Dios, para caminar juntos por
los caminos del Evangelio. ¡Que el Señor os bendiga y la Virgen os
proteja! Y no os olvidéis de ésto: El Señor nunca se cansa de perdonar.
Somos nosotros los que nos cansamos de pedir perdón”.
Una
ovación atronadora acogió las últimas palabras del Papa a la multitud
reunida en la Plaza: “Buen domingo y que os aproveche el almuerzo”.
Fueron sólo 15 minutos. Un cuarto de hora que, para muchos miles, tuvo
un atractivo más fuerte que las otras dos citas que hoy se disputaban en
Roma: El maratón de la ciudad, y el Día de Puertas Abiertas del
Quirinal.
lunes, 25 de febrero de 2013
ÚLTIMO ANGELUS DE BENEDICTO XVI: EL SEÑOR ME LLAMA A DEDICARME TODAVÍA MAS A LA ORACIÓN, PERO NO ABANDONO LA IGLESIA
Ciudad
del Vaticano, 24 febrero 2013 (VIS).-Más de doscientas mil personas han
asistido esta mañana al último ángelus del pontificado de Benedicto
XVI. En los alrededores de la Plaza de San Pedro, estaban instaladas
cuatro pantallas gigantes para que los fieles que no cabían en la plaza
pudieran ver al Papa asomarse a la ventana de su estudio poco antes de
mediodía.
El
Santo Padre ha sido recibido con un gran aplauso y, antes de empezar su
breve meditación, ha correspondido diciendo : “Gracias, muchas
gracias”. Después, ha comentado el evangelio de esta segundo domingo de
Cuaresma: el relato de la Transfiguración del Señor.
“El
evangelista Lucas - ha dicho- pone especial atención al hecho de que
Jesús se transfiguró mientras oraba: la suya es una experiencia profunda
de relación con el Padre en una suerte de retiro espiritual que vive en
un monte alto en compañía de Pedro, Santiago y Juan, los tres
discípulos siempre presentes en los momentos de la manifestación divina
del Maestro. El Señor, que poco antes había predicho su muerte y
resurrección, ofrece a sus discípulos una anticipación de su gloria. Y
también en la Transfiguración, como en el bautismo, se oye la voz del
Padre celestial: "Este es mi Hijo, el elegido, escuchadle" . La
presencia de Moisés y Elías, que representan la Ley y los Profetas de la
Antigua Alianza, es muy significativa: toda la historia de la Alianza
se orienta hacia Él, el Cristo, que lleva a cabo un nuevo "éxodo": no
hacia la tierra prometida como en los tiempos de Moisés, sino hacia el
Cielo. La intervención de Pedro: "Maestro, que bien estamos aquí"
representa el intento imposible de detener esta experiencia mística. San
Agustín dice: "Pedro... en la montaña tenía a Cristo como alimento del
alma. ¿Por qué iba a bajar para volver a los trabajos y a los dolores,
mientras allí estaba lleno de sentimientos de amor santo hacia Dios y
que, por lo tanto, le inspiraban una conducta santa? “.
“Si
meditamos en este pasaje del Evangelio - ha proseguido- notamos una
enseñanza muy importante. En primer lugar, la primacía de la oración,
sin la cual todo el compromiso del apostolado y de la caridad se reduce a
activismo. En Cuaresma, aprendemos a dar su debido tiempo a la oración,
tanto personal como comunitaria, que da aliento a nuestra vida
espiritual. Además, la oración no es aislarse del mundo y de sus
contradicciones, como en el Tabor hubiera querido hacer Pedro; al
contrario, la oración reconduce al camino, a la acción. “La existencia
cristiana -como he escrito en el Mensaje para esta Cuaresma- consiste en
un continuo subir al monte del encuentro con Dios para después volver a
bajar, trayendo el amor y la fuerza que derivan de éste, a fin de
servir a nuestros hermanos y hermanas con el mismo amor de Dios”.
“Esta
Palabra de Dios la siento especialmente dirigida a mí, en este momento
de mi vida. El Señor me ha llamado a "subir al monte", para dedicarme
aún más a la oración y a la meditación. Pero esto no significa abandonar
la Iglesia; en efecto, si Dios me pide esto es sólo para que yo pueda
seguir sirviéndola con la misma dedicación y el mismo amor con que he
intentado hacerlo hasta ahora, pero de una manera más adecuada para mi
edad y para mis fuerzas. Invoquemos la intercesión de la Virgen María:
!Que nos ayude a seguir siempre al Señor Jesús en la oración y en la
caridad laboriosa!”.
Después
de rezar el Ángelus, en los saludos en las diversas lenguas, el Papa ha
dado nuevamente las gracias a todos por haberle manifestado en estos
días su cercanía y tenerlo presente en sus oraciones y ha añadido:
“Demos también gracias a Dios por este sol que tenemos hoy”, ya que en
Roma, contrariamente a lo previsto, no llovía.
Después,
dirigiéndose a los peregrinos polacos ha reafirmado que en el monte
Tabor, Cristo “reveló a sus discípulos el esplendor de su divinidad,
dándoles la certeza de que , a través del sufrimiento y la cruz se puede
alcanzar la resurrección. Tenemos que percibir siempre su presencia, su
gloria y su divinidad en la vida de la Iglesia, en la contemplación y
en los acontecimientos de todos los días”.
Al
final, hablando a los numerosos italianos procedentes de diversas
diócesis de la península, se ha despedido diciendo: “Gracias, de nuevo.
Siempre estaremos cerca en la oración”.
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Ángelus,
Iglesia Catolica
Ubicación:
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martes, 18 de diciembre de 2012
LA JUSTICIA Y LA CARIDAD NO SE CONTRAPONEN
Ciudad del Vaticano, 16 de diciembre 2012 (VIS).-Después de la visita
pastoral a la parroquia de San Patricio en la colina Prenestina,
Benedicto XVI se ha asomado a mediodía a la ventana de su estudio para
rezar el Ángelus con los fieles reunidos en la Plaza de San Pedro.
El Papa ha abordado nuevamente la figura de Juan el Bautista, a quien el Evangelio de hoy presenta mientras habla a la gente que se dirige a él en el río Jordán para bautizarse exhortándola a prepararse a la venida del Mesías. El diálogo entre la multitud que se pregunta “¿Qué debemos hacer?” y el profeta, se revela “de gran actualidad”.
La primera respuesta está dirigida a la muchedumbre. El Bautista dice: “El que tiene dos túnicas, que le dé al que no tiene; y el que tiene alimentos que haga lo mismo”. “Notamos, aquí - ha explicado el Papa- un criterio de justicia, animado por la caridad. La justicia pide que se supere el desequilibrio entre quien tiene lo superfluo y quien carece de lo necesario; la caridad empuja a estar atento al otro y a salir al encuentro de su necesidad, en lugar de encontrar justificaciones para defender los propios intereses. Justicia y caridad no se contraponen; ambas son necesarias y se completan recíprocamente”.
La segunda respuesta está dirigida a algunos publicanos, es decir, recaudadores de impuestos por cuenta de los romanos. “Ya por ese motivo los publicanos eran despreciados, y también porque, a menudo, se aprovechaban de su posición para robar. El Bautista no les dice que cambien de oficio, sino que no exijan nada más de cuanto ha sido establecido. El profeta, en nombre de Dios, no pide gestos excepcionales sino, ante todo, el cumplimiento honrado de su propio deber. El primer paso hacia la vida eterna es siempre la observancia de los mandamientos; en este caso el séptimo: “No robarás”.
La tercera respuesta es para los soldados, “otra categoría dotada de cierto poder y, por tanto, tentada de abusar de él. Juan les dice: “No hagáis extorsión a nadie (...), y contentaos con vuestras pagas”. También aquí, la conversión comienza por la honradez y el respeto de los demás: una indicación que vale para todos, especialmente para quien tiene mayores responsabilidades”.
En todos los diálogos “llama la atención cómo son concretas las palabras de Juan: desde el momento en que Dios nos juzgará según nuestras obras es con los comportamientos, con los que hay que demostrar que se sigue su voluntad. Y, precisamente por esto, las indicaciones del Bautista son siempre actuales: también en nuestro mundo tan complejo, las cosas irían mucho mejor si cada uno observara estas reglas de conducta”.
Después de la oración mariana, el Papa, en los saludos en diversos idiomas, ha recordado que desde el próximo 28 de diciembre y hasta el 2 de enero, tendrá lugar en Roma el Encuentro europeo de jóvenes, organizado por la comunidad de Taizé. Benedicto XVI ha agradecido la disponibilidad de las familias romanas para hospedarlos y, dado que la afluencia será mayor de la esperada, ha renovado el llamamiento que ya había dirigido a las parroquias para que otras familias vivan “esta hermosa experiencia de amistad cristiana”.
A continuación ha manifestado su cercanía espiritual a cuantos en Polonia forman parte de la “Obra Natalicia de Ayuda a los Niños”. “Espero – ha dicho – que esta iniciativa caritativa y ecuménica, que supone un gesto de ayuda concreta ofrecida a los necesitados, lleve la alegría a los corazones de muchos niños. ¡Que la llama de las velas encendidas en las familias durante la cena de Nochebuena sea el símbolo de esta iniciativa!. Que Dios recompense la generosidad de los corazones y que bendiga a todos”.
Por último ha saludado a los niños de Roma que este domingo acuden a la Plaza de San Pedro para que el Papa bendiga la figurita del Niño Jesús que se pone en el Belén.
...................
La caridad la vivimos como amor, como generosidad, todo el Evangelio trasmite la idea del amor hacia los demás, porque es el sentimiento que aflora de la propia justicia.
Ser justo, es otorgar a cada cual lo que necesita y lo que merece y eso solo puede nacer del amor generoso de nuestro corazón, Amor generoso que nace de Dios, que nace del espíritu: San Pablo habla del amor de Dios y nos deja ver cómo es la caridad, "La caridad es paciente, es servicial; la caridad no es envidiosa, no es jactanciosa, no se engríe; es decorosa; no busca su interés; no se irrita; no toma en cuenta el mal; no se alegra de la injusticia; se alegra con la verdad. Todo lo excusa. Todo lo cree. Todo lo espera. Todo lo soporta" (1 Co 13, 4-8). Y termina, "la caridad no dejará de existir".
Si esta nace de Dios, nosotros como hijos de Dios, nace en nosotros una necesidad de la búsqueda del propio bien, del bien por el propio bien por el deseo de buscar la felicidad y la justicia en los demás, de ahí que caridad y justicia se unan en una misma finalidad que es buscar el bien común sacrificando el bien personal, o quizas uniendo o confluyendo el bien general= bien personal=bien supremo que viene de Dios y que define la Justicia.
sábado, 24 de noviembre de 2012
lunes, 30 de julio de 2012
DIOS ES CAPAZ DE MULTIPLICAR NUESTROS GESTOS DE AMOR
Ciudad
del Vaticano, 29 de julio (VIS).-
El milagro de la multiplicación de los
panes y los peces como anuncio de la Eucaristía y la importancia de
compartir los bienes que se poseen fueron los temas centrales del
Ángelus de este domingo que el Papa rezó con los fieles reunidos a
mediodía en el patio del palacio apostólico de Castel Gandolfo.
En
la escena de la multiplicación, narrada en el evangelio de hoy, “la
insistencia en el tema del 'pan' que se comparte -dijo Benedicto XVI- y
en la acción de gracias recuerdan la Eucaristía”. En el mismo relato se
señala también la presencia de un muchacho que, viendo la dificultad de
dar de comer a tanta gente, divide lo poco que tiene: cinco panes y dos
peces. “El milagro- subrayó el Papa- no se produce a partir de nada;
sino partiendo de una primera y modesta división de lo que aquel
muchacho tenía. Jesús no nos pide lo que no tenemos, pero nos enseña que
si cada uno ofrece lo poco que tiene, de nuevo pueden suceder milagros:
Dios es capaz de multiplicar nuestro pequeño gesto de amor y hacernos
partícipes de su don”
En
la escena, “la multitud se maravilla del prodigio: cree que Jesús es el
nuevo Moisés, digno del poder y que el nuevo maná, es un futuro
garantizado; pero ve solamente la parte material, lo que han comido y el
Señor, 'sabiendo que venían a llevárselo para hacerlo rey se retiró
otra vez al monte, sólo'. Jesús no es un rey terrenal que ejerce un
dominio, sino un rey que sirve, que se inclina sobre el ser humano para
saciar no solamente el hambre material sino, sobre todo, el hambre más
profundo, el hambre de orientación, de sentido, de verdad, el hambre de
Dios”.
“Pidamos
al Señor, terminó el pontífice, que nos enseñe a descubrir de nuevo la
importancia de alimentarnos no sólo de pan, sino también de verdad, de
amor, de Cristo, del cuerpo de Cristo (...) Al mismo tiempo recemos para
que nunca le falte a nadie el pan necesario para una vida digna y para
que las desigualdades no se abatan con las armas de la violencia sino
con las de la división y el amor”.
El texto completo podeis encontrarlo en el siguiente enlace:
http://arraigadosyedificados.blogspot.com.es/
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