Quieres saber cuál es la fe que da vida y consigue la victoria? Aquella por la cual Cristo habita en lo íntimo de nuestro ser. El es nuestra virtud y nuestra vida. Cuando se manifieste Cristo, que es nuestra vida, dice el Apóstol, os manifestaréis también vosotros gloriosos con él. Esa gloria será vuestra victoria. Y nos manifestaremos con él porque vencemos por él. Solamente llegan a ser hijos de Dios los que reciben a Cristo, y únicamente en ellos se cumple lo que dice la Escritura: todo el que nace de Dios, vence al mundo.

SAN BERNARDO


WEB OFICIAL DE LA ORDEN

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Si tienes un secreto, escóndelo o revélalo (proverbio árabe)

Si tienes un secreto, escóndelo o revélalo (proverbio árabe)

Preámbulo de la Regla Primitiva del Temple

Nos dirigimos en primer lugar a aquellos que desprecian seguir su propia voluntad y
desean servir, con pureza de ánimo, en la caballería del rey verdadero y supremo, y a los que quieren cumplir, y cumplen, con asiduidad, la noble virtud de la obediencia. Por eso os
aconsejamos, a aquellos de vosotros que pertenecisteis hasta ahora a la caballería secular,en la que Cristo no era la única causa, sino el favor de los hombres, que os apresuréis a asociaros perpetuamente a aquéllos que el Señor eligió entre la muchedumbre y dispuso, con su piadosa gracia, para la defensa de la Santa Iglesia.
Por eso, oh soldado de Cristo, fueses quien fueses,

que eliges tan sagrada orden, conviene que en tu profesión lleves una pura diligencia y firme
perseverancia, que se sabe que es tan digna y sublime para con Dios que, si pura y
perseverantemente se observa por los militantes que diesen sus almas por Cristo, merecerán
obtener la suerte; porque en ella apareció y floreció una orden militar, ya que la caballería,
abandonando su celo por la justicia, intentaba no defender a los pobres o iglesias sino
robarlos, despojarlos y aun matarlos; pero sucedió que vosotros, a los que nuestro señor y
salvador Jesucristo, como amigos suyos, dirigió desde la Ciudad Santa a habitar en Francia y
Borgoña, no cesáis, por nuestra salud y propagación de la verdadera fe, de ofrecer Dios
vuestras almas en víctima agradable a Dios......SAN BERNARDO

lunes, 10 de abril de 2017

La Guerra Santa y el Guerrero Interior.

Muchos son los que se auto titulan Soldados de Cristo y, como los soldados, parece obvio, son para la guerra, se plantean una especie de Guerra Santa, pretendiendo hacer justicia, defender a los “buenos” de los “malos”, etc., etc., en la creencia de así traerán la Paz al mundo.
Decía el escritor romano Vegecio:  ``Igitur qui desiderat pacem, praeparet bellum´´, que podríamos traducir como ``Quien deseara la paz, debería prepararse para la guerra´´. Posteriormente otros, como el famoso Julio César, lo repetirían hasta convertirlo en un muy conocido adagio. Conocido, sí, pero muy mal  interpretado. Para ser más exactos, deberíamos decir que mal entendido por parcialmente interpretado.
La primera interpretación que podemos dar a tan conocida frase es la tradicional: hay que entrenarse, tener buen equipamiento (armas, medios de transporte, equipos de telecomunicaciones, etc.), etc. para que nuestros posibles enemigos se lo piensen dos veces antes de atacarnos y, si lo hacen, que estemos en condiciones de repeler la agresión. Se deduce evidentemente que el enemigo lo tenemos enfrente.
Hay, sin embargo, un enemigo mucho más potente, mucho más sutil, muchísimo más astuto y traicionero: nosotros mismos. Nuestra mente presenta una perversión natural que nos hace vernos diferentes del resto de la Humanidad. La mente individualiza y potencia el ego. El mundo que nos rodea y del que formamos parte es de naturaleza egoísta. Solo atiende a leyes como la de la supervivencia, la del mínimo esfuerzo o la del máximo placer, en resumen: quien vive sometido a la ley del Mundo piensa algo así como “primero yo, luego yo y después yo”. Se trata, todos lo sabemos aunque muchas veces se nos olvida, de leyes generadoras de conflictos. Ese mundo, con sus leyes, tuerce la voluntad de los hombres hasta enfrentar hermanos contra hermanos, porque no olvidemos lo dicho al principio del párrafo: nos vemos diferentes del resto de los hombres.
Resulta difícil, por no decir imposible, resolver esos conflictos con peleas, con la fuerza de las armas. No podemos olvidar que una paz conseguida a golpes no es paz, sino una guerra aplazada. Así pues, si de verdad buscamos la paz tendremos que empezar por llevarla a nuestro corazón. El adagio romano habría que reconvertirlo, diciendo: ‘’Quien desee la paz, llévela primero a su corazón”
Tenemos localizado nuestro principal oponente: nosotros mismos. Hemos dicho que hay que llevar la paz a nuestro corazón y que solo así podremos tener paz en nuestro entorno. Pero ¿qué queremos decir con “llevar la paz a nuestro corazón”?
Hablábamos hace poco de la excelencia que teníamos que perseguir como Pobres Caballeros de Cristo. En el combate es frecuente contar con el modelo de algún soldado heroico, cuya imitación nos suba la moral, nos enardezca y nos ayude a vencer el miedo. Nuestro primer ejemplo es el propio Dios hecho Hombre, Jesús, que, a lo largo de su vida, no solo nos marcó las pautas con su ejemplo, sino que también las verbalizó. Pero, si nuestra mente nos juega la mala pasada de “excusarnos” porque nos argumente que Jesús era hombre, pero también era Dios, Él mismo nos dio otro modelo, digamos que mucho más asequible.

En efecto, el mejor y más ejemplar modelo para todo cristiano y en especial para un Pobre Caballero de Cristo no es un hombre, sino una mujer.
Algunos piensan que como Soldados de Cristo han de estar preparados para desenvainar una espada más o menos real. Unos consideran una espada física y otros el conocimiento, pero ambos querrán pelear contra otros hombres y volveríamos a estar en el punto de partida, creyendo que el enemigo es el ``otro´´.
Es Viernes de Dolores cuando escribimos estas líneas y yo no puedo quitarme de la mente la imagen de Nuestra Señora de los Dolores, mostrando su Corazón atravesado por siete espadas. Esas espadas que algunos quieren desenvainar contra otros hombres, la Virgen, nuestro modelo, las vuelve contra ella misma. Alcanza la perfección septiforme entregando su voluntad y todo su ser a Dios mismo, a ese Dios que, vistas sus cualidades, la convierte en su propia Madre, iniciando así el proceso salvífico. El término septiforme hace referencia al número siete como símbolo de perfección, como siete son los dones del Espíritu Santo (sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios) de los que dice el Catecismo que sustentan la vida moral de los cristianos; que son ``disposiciones permanentes que hacen al hombre dócil para seguir los impulsos del Espíritu Santo´´; que pertenecen en plenitud a Cristo, y que completan y llevan a su perfección las virtudes de quienes los reciben. Nosotros, Pobres Caballeros de Cristo, hemos recibido su llamada, no tenemos más que ponernos a su disposición, como hiciera María (’’He aquí la esclava del Señor. Hágase en mí, según su Palabra´´) para recibir esos dones que luego deberemos ejercitar. Con el ejercicio de estos dones y la Gracia de Dios desarrollaremos las cuatro virtudes cardinales (prudencia, justicia, fortaleza y templanza) y las tres teologales (Fe, Esperanza y Caridad)  que también significativamente suman siete. Llegados a esta última, la Caridad, recordemos lo que dice de ella el Catecismo (transcribo textualmente, salvo el subrayado):

La caridad tiene por frutos el gozo, la paz y la misericordia. Exige la práctica del bien y la corrección fraterna; es benevolencia; suscita la reciprocidad; es siempre desinteresada y generosa; es amistad y comunión:
«La culminación de todas nuestras obras es el amor. Ese es el fin; para conseguirlo, corremos; hacia él corremos; una vez llegados, en él reposamos» (San Agustín, In epistulam Ioannis tractatus, 10, 4).

¡Ea, hemos llegado! La Caridad, la primera de todas las virtudes, aquella sin la cual la Fe no vale para nada, esa es la que nos lleva a la Paz. Pero no olvidemos que la Caridad no va sola; que para llegar a ella es necesario trabajar y duro y que nuestro modelo y Madre las reúne, desde su humanidad, todas por su disposición (esclava del Señor) y por la Gracia de Dios.
Nos dirán muchos que no podemos cruzarnos de brazos ante una agresión, que los terroristas no se paran ante el amor.  Bien ese es el fruto del miedo, del terror que quieren introducir, perdonad la redundancia, los terroristas. Pero ¿qué temeré yo si tengo a Dios conmigo? Si ellos se inmolan, por un dios de muerte o por ideales políticos o por cualquier otra incomprensible razón, ¿qué temeré yo que tengo al Dios de la Vida conmigo?
Non nobis, Domine, non nobis sed Nomini tuo da Gloriam


sábado, 7 de enero de 2017




Estamos realizando desde el pasado mes de septiembre una campaña de donación de material escolar  que culminará el próximo día 11 de enero si quieres ayudarnos mándanos correo a.
preceptor.gpsm@gmail.com

domingo, 5 de abril de 2015

SÁBADO SANTO.De una Homilía antigua sobre el grande y Santo SábadoEL DESCENSO DEL SEÑOR AL ABISMO.


...
¿Qué es lo que hoy sucede? Un gran silencio envuelve la tierra; un gran silencio y una gran soledad. Un gran silencio, porque el Rey duerme. La tierra está temerosa y sobrecogida, porque Dios se ha dormido en la carne y ha despertado a los que dormían desde antiguo. Dios ha muerto en la carne y ha puesto en conmoción al abismo.
Va a buscar a nuestro primer padre como si éste fuera la oveja perdida. Quiere visitar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte. Él, que es al mismo tiempo Dios e Hijo de Dios, va a librar de sus prisiones y de sus dolores a Adán y a Eva.
El Señor, teniendo en sus manos las armas vencedoras de la cruz, se acerca a ellos. Al verlo, nuestro primer padre Adán, asombrado por tan gran acontecimiento, exclama y dice a todos: «Mi Señor esté con todos.» Y Cristo, respondiendo, dice a Adán: «Y con tu espíritu.» Y, tomándolo por la mano, lo levanta, diciéndole: «Despierta, tú que duermes, levántate de entre los muertos, y Cristo será tu luz.»
Yo soy tu Dios, que por ti y por todos los que han de nacer de ti me he hecho tu hijo; y ahora te digo que tengo el poder de anunciar a los que están encadenados: “Salid”, y a los que se encuentran en las tinieblas: "iluminaos”, y a los que duermen: “Levantaos.”
A ti te mando: Despierta, tú que duermes, pues no te creé para que permanezcas cautivo en el abismo; levántate de entre los muertos, pues yo soy la vida de los muertos. Levántate, obra de mis manos; levántate, imagen mía, creado a mi semejanza. Levántate, salgamos de aquí, porque tú en mí, y yo en ti, formamos una sola e indivisible persona.
Por ti, yo, tu Dios, me he hecho tu hijo; por ti, yo, tu Señor, he revestido tu condición servil; por ti, yo, que estoy sobre los cielos, he venido a la tierra y he bajado al abismo; por ti, me he hecho hombre, semejante a un inválido que tiene su cama entre los muertos; por ti, que fuiste expulsado del huerto, he sido entregado a los judíos en el huerto, y en el huerto he sido crucificado.
Contempla los salivazos de mi cara, que he soportado para devolverte tu primer aliento de vida; contempla los golpes de mis mejillas, que he soportado para reformar, de acuerdo con mi imagen, tu imagen deformada; contempla los azotes en mis espaldas, que he aceptado para aliviarte el peso de los pecados, que habían sido cargados sobre tu espalda; contempla los clavos que me han sujetado fuertemente al madero, pues los he aceptado por ti, que maliciosamente extendiste una mano al árbol prohibido.
Dormí en la cruz, y la lanza atravesó mi costado, por ti, que en el paraíso dormiste, y de tu costado diste origen a Eva. Mi costado ha curado el dolor del tuyo. Mi sueño te saca del sueño del abismo. Mi lanza eliminó aquella espada que te amenazaba en el paraíso.
Levántate, salgamos de aquí. El enemigo te sacó del paraíso; yo te coloco no ya en el paraíso, sino en el trono celeste. Te prohibí que comieras del árbol de la vida, que no era sino imagen del verdadero árbol; yo soy el verdadero árbol, yo, que soy la vida y que estoy unido a ti. Coloqué un querubín que fielmente te vigilara; ahora te concedo que el querubín, reconociendo tu dignidad, te sirva.
El trono de los querubines está a punto, los portadores atentos y preparados, el tálamo construido, los alimentos prestos; se han embellecido los eternos tabernáculos y moradas, han sido abiertos los tesoros de todos los bienes, y el reino de los cielos está preparado desde toda la eternidad.
Preparado por el Instituto de Espiritualidad:
Pontificia Universidad Santo Tomás de Aquino.

sábado, 29 de noviembre de 2014

PARECE QUE DIOS ME TRANSCRIBE

Parece que Dios me transcribe
los luminosos de los espejos.
El tránsito en la lectura de este cuerpo
regañando al silencio.
Parece despertarme en el suelo de los

infiernos y de lo etéreo.
Parece retumbar caricias de suaves
ecos en las mañanas ausentes
y efímeras en esta carcasa mortal,
de frío invierno y sangre hastiada.
Tenemos un mano a mano, una codicia en el santo sanctorum, en mi confesionario, en los estigmas que callo y en los clavos que digieren las cuentas de mi rosario.
¿Por qué retiro mi ojo de mi mano izquierda, o la viga perpetua de la propia cruz que me arruina como los salvajes cayados de esta noche oscura, de este amanecer soñado?

I.R

ADVIENTO



Introducción

Adviento es el tiempo litúrgico de preparación para la Navidad. Sus orígenes son muy inciertos. Según algunos autores, parece que el Adviento en la liturgia romana se remonta al siglo IV, aunque según nuestra opinión
, esto es muy poco probable. En otros lugares, como en España, parece que estaba unido a la preparación de los catecúmenos que habían de recibir el Bautismo en la solemnidad de la Epifanía.

En el siglo V hallamos las oraciones preparatorias para la fiesta de Navidad en el Rótulus de Rávena, que, se cree estuvo inspirado en los escritos de San Pedro Crisólogo. Es dato cierto que en el siglo VI el Adviento tenía la misma estructura que la nuestra actual, con cuatro semanas antes de Navidad, aunque la cuarta es incompleta según los años. Los días del 17 al 24 se celebran con especialísima importancia; el día 17 comienzan en Vísperas, como antífonas para el Magníficat, las llamadas «antífonas mayores» o «antífonas ¡O!», pues todas comienzan por esa exclamación latina. Tendremos ocasión de exponerlo en esos días.

Tres grandes figuras destacan en el Adviento: el profeta Isaías, San Juan Bautista y la Virgen María.
El Adviento encierra un rico contenido teológico y considera el misterio de la venida del Mesías y de su infancia. Más tarde se ha añadido el Bautismo de Cristo, como conclusión del Tiempo de Navidad. Tiene también el Adviento un gran sentido escatológico. De la espera de la primera venida del Señor se va a la espera de su segunda venida al fin de los tiempos. Los textos litúrgicos hacen alusión a las dos venidas.

San Bernardo habla de un Adviento triple. Entre la venida de Cristo en la encarnación, y su venida para el juicio final, se da ahora su venida al cristiano por la inhabitación. Este adviento presente «es oculto y espiritual, y de él habla el Señor cuando dice: “si alguno me ama, guardará mi palabra, mi Padre le amará, vendremos a él y en él haremos morada” (Jn 14,23) (Sermón Adviento III,4). «Esfuércese [el hombre] al menos... levantándose algo en obsequio del Señor que viene. No tendrás que atravesar mares o penetrar las nubes... Pero dentro de ti mismo habrás de salir al encuentro del Señor con la compunción del corazón y la confesión de tu boca, para que al menos salgas del muladar de tu miserable conciencia, pues no sería digno que allí entrara el Autor de la pureza» (Sermón Adviento I,10).

Con la liturgia de Adviento la comunidad cristiana está llamada a acentuar determinadas actitudes esenciales a la expresión evangélica de la vida: la vigilante y gozosa espera, la esperanza y la conversión.

Es lamentable que la sociedad de consumo intente con sus propagandas en estos días eclipsar el verdadero espíritu litúrgico del Adviento. Que el gozo espiritual se manifieste también en cosas externas y materiales no está reñido con el sentido litúrgico de este tiempo; pero sí lo está con el desbordamiento que esto tiene en nuestros días. Ya el mismo San Bernardo se lamentaba de las celebraciones mundanas del adviento:

«Los mundanos, aunque también celebran este recuerdo [de la venida de Cristo], no se conmueven con él interiormente. Y lo que todavía es peor, el mismo recuerdo de esta inestimable dignación de Dios se vuelve para ellos ocasión de delicias carnales, pues estos días los verás preparar con toda solicitud el lujo de los vestidos y de los alimentos, como si Cristo en su nacimiento pidiera semejantes cosas... Oye lo que Él mismo te dice: “¿para qué preparas con tantas ansias vestidos para mi nacimiento? Detesto la soberbia, no la amo. ¿A qué fin viene que procures con tanto cuidado las opíparas mesas de este tiempo? No me agradan las delicias del cuerpo, no las apruebo... No me reverencias sino con tu vientre”» (Sermón Adviento I,10).

En este Adviento preparemos, pues, ante todo nuestros corazones para recibir al Señor, que quiere venir a nosotros y entrar más adentro de nuestras vidas. Limpiemos la casa de nuestra conciencia con el sacramento de la penitencia. Acrecentemos estas semanas la oración, la limosna, las buenas obras y sobre todo el deseo del Salvador, que ya viene, y que nos trae nuevas luces y gracias.



jueves, 20 de noviembre de 2014

Periodo de Navidad en la Iglesia Ortodoxa


En la Iglesia Ortodoxa la celebración de la Navidad comienza cuarenta días antes del 25 de Diciembre, el 15 de Noviembre, por cuarenta días somos llamados a meditar en la Encarnación del Verbo de Dios, llamados a ver su humildad al nacer en una cueva y llamados a prepararnos para encontrar el real significado de la Navidad. Somos llamados a ayunar para estar atentos al misterio de la venida del Señor.
El ayuno de Navidad es un ayuno “ascético”, distinto del ayuno de Pascua, el cual es mucho más litúrgico. Sin embargo durante el tiempo del ayuno de Navidad toda una serie de himnos litúrgicos nos recuerdan la proximidad de la fiesta del Nacimiento de Cristo.

El 15 de Noviembre comenzamos a cantar el himno:
“Cristo ha nacido, glorificadlo! ¡Cristo viene de los cielos, recibidlo! ¡Cristo está sobre la tierra, elévense! Cantad al Señor toda la tierra y alabadle, oh pueblos, con alegría, porque ha sido glorificado”.

Los Domingos y las fiestas anteriores a la Navidad
Dentro del período de cuarenta días que nos prepara para la fiesta de la Navidad del señor, encontramos en nuestro camino una serie de conmemoraciones muy importantes para recordar el por qué de nuestro ayuno. Durante los cuarenta días tenemos dos fiestas marianas: la entrada de María al templo, su consagración al templo de Jerusalén, realizado por sus padres, Joaquín y Ana (21 de noviembre); así como la fiesta de la Concepción de la Madre de Dios (9 de diciembre).

Además, los dos domingos anteriores a la Navidad, la Iglesia conmemora a los predecesores de Cristo, tanto a sus predecesores directos, como a los santos profetas del Antiguo Testamento que prepararon la venida al mundo de Nuestro Señor. El domingo anterior a la Navidad es conocido como “el Domingo de la Genealogía”: en el recordamos a todos los patriarcas del Antiguo Testamento y a los padres que precedieron la venida de Cristo al mundo. El domingo anterior a éste es conocido como el “Propateron” o domingo de los antepasados de Cristo en el que recordamos a sus padres y abuelos.

A partir del 20 de Diciembre la Iglesia comienza con el período llamado de “la preparación para el Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo”. La estructura de los oficios ortodoxos, desde ese día y hasta Navidad, es similar a la Semana Santa, pues el nacimiento del Hijo de Dios es el inicio de nuestra salvación. Dentro de ésta semana se celebra el famoso oficio del “Paramon” o de la preparación a la Navidad, en el que, además de las horas reales y las Vísperas se celebra la Divina Liturgia de San Basilio el Grande, de la misma manera que lo haríamos un Viernes Santo antes de Pascua, pero con los cambios propios de la Navidad.

El Oficio de la Navidad
El 24 de Diciembre la Iglesia celebra las horas de la fiesta, las Vísperas y finaliza la celebración con la divina Liturgia de San Basilio el Grande. Durante la celebración de estos oficios, las lecturas y los himnos recuerdan la venida con poder del Hijo de Dios en la carne. Las Vísperas inician la Navidad de Cristo, en ellas leemos ocho profecías del Antiguo Testamento, que atestiguan precisamente que Cristo es el cumplimiento de la promesa del Padre. Al finalizar la Liturgia, el sacerdote sale del santuario y llevando una vela en su mano derecha, rodeado por los miembros de la comunidad, entona el Tropario de la fiesta:
“Tu nacimiento, Cristo nuestro Dios, ha mostrado al mundo la luz de la sabiduría. Porque los que adoraban a las estrellas, fueron enseñados por una estrella a adorarte, oh Sol de Justicia, y a saber que tu viniste del Oriente de las alturas, Oh Señor, gloria a Ti”
El 25 de Diciembre celebramos la culminación de la Fiesta: los cuarenta días de ayuno han llegado a su fin, reveemos nuestros anhelos puestos el 15 de Noviembre y comenzamos a ver los frutos del tiempo de preparación para la fiesta.

El período posterior a la Navidad
El segundo día de la Navidad es dedicado a conmemorar a la Santísima Virgen María: la Iglesia interpreta que la Encarnación del verbo fue posible gracias a su intervención. El Padre Schmemman dice: “Su humanidad, concreta e históricamente, es la humanidad que recibió de María”. Por esto, esta conmemoración a la Madre de Dios es tal vez la más antigua conmemoración a María en la historia de la Iglesia. Los oficios de Navidad dan término el sexto día de la fiesta, el 31 de Diciembre, cuando terminamos éste período para iniciar el de la Circuncisión y la Epifanía de Cristo.

¿Cómo se sugiere ayunar?
El periodo de abstinencia del Adviento es uno de los más estrictos del año, no se permite el vino ni el aceite durante los cuarenta días. Las parejas matrimoniales, solo por mutuo acuerdo, también se abstienen de las relaciones maritales, recordando la recomendación de San Pablo (1 Corintios 7.5) El ayuno no solo significa abstenerse de comida, sino ir más allá absteniéndose de las pasiones y los pensamientos negativos a nuestro desarrollo espiritual, siendo generosos con nuestros hermanos en lo material (que es originalmente como en la iglesia primitiva surge la costumbre de ayunar) el dinero que ahorramos para comer menos y más modestamente lo damos de ofrenda a nuestros hermanos; arrepintiéndonos de nuestros pecados y reconciliándonos en el sacramento correspondiente; y profundizar nuestra vida de oración. El ayuno ortodoxo no pone el énfasis en el sacrificio y en hacer padecer al cuerpo, sino pone su significa entrenar a nuestros cuerpos y almas para someter sus deseos y a no preocuparse por las cosas materiales, para que podamos con mayor fortaleza del alma recibir la gracias espirituales.
Las promesas de los dones recibidos a través del ayuno nos vienen desde el Antiguo Testamento, en el que los reyes, profetas y el pueblo ayunaban y oraban antes de salir a grandes empresas. El mismo San Juan, el Precursor ayuno y oró gran parte de su vida en el desierto antes de recibir a Nuestro Salvador. El mismo Cristo ayunó y recomendó a Sus discípulos hacerlo para expulsar a los malos espíritus.

Los estatutos eclesiásticos recomiendan durante todo el año cortos periodos de abstinencia; los lunes, miércoles y viernes no consumen lácteos, carnes, aceite y vino. Se puede acompañar la comida con aceite los martes, jueves, sábados y domingos. El pescado está permitido los sábados y domingos solamente o en las grandes fiestas religiosas si caen en martes o jueves. La dieta física se combina con un ayuno espiritual; los creyentes deben rezar, confesarse, abstenerse de pasiones y vicios y no participar en ningún tipo de diversión.

Reglas del ayuno
En la Iglesia Ortodoxa, el ayuno tradicional implica el ayuno de carnes rojas, aves de corral, productos de carne, huevos, productos lácteos, pescado, aceite y vino. Pescado, vino y aceite están permitidos los sábados y domingos, y el aceite y el vino se permiten los martes y jueves.
Como siempre ocurre con las normas de ayuno, las personas que están enfermas, las madres muy jóvenes o de edad avanzada están exentos del ayuno. Se espera que cada individuo a hablar con su confesor sobre las excepciones a las reglas de ayuno, pero no debe ponerse en peligro físico.
Ha habido una cierta ambigüedad acerca de la restricción de los peces, ya que significa la provisión de peces invertebrados o todos los peces. A menudo, incluso en los días en que no se permite el pescado, los mariscos pueden ser consumidos. Directrices más detalladas varían según la jurisdicción, pero las reglas estrictamente afirman que desde el 12 diciembre hasta 24 diciembre, ningún pez se puede comer.
La víspera de la Natividad es un estricto ayuno, en la que ningún alimento sólido se debe comer hasta que la primera estrella se ve en el cielo de la tarde. Si las vísperas caen en sábado o domingo, el día no se observa como un ayuno estricto, pero una comida con el vino y el aceite se permite después de la Santa Misa, que se celebró en la mañana.

Aspectos litúrgicos
En algunos lugares, los servicios de lunes a viernes durante el ayuno son similares a los servicios durante la Gran Cuaresma. Muchas iglesias y monasterios llevarán a cabo los servicios de Cuaresma al menos en el primer día de la Natividad. A menudo, las cortinas de la iglesia se pueden cambiar a un color de Cuaresma sombrío.
Durante el transcurso del ayuno, un número de días de fiesta celebrar los profetas del Antiguo Testamento que profetizaban la Encarnación, por ejemplo: Abdías, Nahum, Habacuc, Sofonías, Ageo, Daniel y los tres jóvenes santos. Estos últimos son importantes no sólo por su perseverancia en el ayuno, sino también por su conservación ilesa en medio del horno de fuego se interpreta como símbolo de la Encarnación-la Virgen María concibió a Dios el Verbo en su seno sin ser consumidos por el fuego de la Divinidad.
Como es el caso de tres de los cuatro ayunos ortodoxos, una gran fiesta cae en el transcurso del ayuno, en este caso, la entrada de la Madre de Dios al templo. Después de la apodosis de esa fiesta, los himnos de la Navidad se cantan los domingos y días de fiesta de alto rango.

Domingo de los Progenitores
Dos domingos antes de Navidad, la Iglesia llama a la memoria de los antepasados de la Iglesia, tanto antes de la promulgación de la ley de Moisés y el después. El Menaion contiene un conjunto completo de los himnos de este día que se cantó junto con los himnos de los domingos desde las Octoechos. Estos himnos conmemoran varias personas bíblicas, así como el profeta Daniel y los tres jóvenes. También hay una epístola especial y lecturas del Evangelio designado para la Liturgia Divina en este día.
Domingo de los Santos Padres
El domingo antes de Navidad es aún más amplia en su alcance de la conmemoración que el domingo anterior, en el que se conmemora a todos los hombres y mujeres justos que agradaron a Dios desde la creación del mundo hasta San José. El Menaion ofrece un servicio aún más completo para el día de hoy que el domingo anterior. En la parte de las Vísperas de la Vigilia de Toda la Noche "tres" parábolas del Antiguo Testamento se lee: Génesis 14:14-20, Deuteronomio 1:8-17 y Deuteronomio 10:14-21. La epístola que se lee en la Divina Liturgia es una selección de Hebreos 11:9-40, el Evangelio es la genealogía de Cristo en el Evangelio de Mateo.

Víspera de Navidad.
Se le llama también Paramony, se observa como un día de ayuno estricto, en la que los fieles que son físicamente capaces de, abstenerse de alimentos hasta que se observa la primera estrella de la noche, cuando se puede tomar una comida con vino y aceite. En este día las Horas Reales se celebran por la mañana. Algunos de los himnos son similares a los de la Teofanía y el Gran y Santo Viernes, empatando así el simbolismo de la Natividad de Cristo, a su muerte en la Cruz. Las horas reales son seguidos por la Divina Liturgia de San Basilio Vesperal que combina las Vísperas con la Divina Liturgia. Durante las Vísperas, ocho colecciones del Antiguo Testamento que prefiguran o profetizar se leyó la Encarnación de Cristo, y antífonas especiales son cantados. Si la fiesta de la Natividad cae en domingo o el lunes, las Horas Reales se cantan el viernes anterior, y en el Paramony se celebra la Divina Liturgia Vesperal de San Juan Crisóstomo en la mañana, con sus lecturas y antífonas, y la ayuno se reduce hasta cierto punto-una comida con el vino y el aceite que se sirve después de la Liturgia.
La vigilia en la noche del 24 de diciembre se compone de Gran completas, maitines y la primera hora. Uno de los aspectos más destacados de Gran Completas es el exultante canto de "Dios está con nosotros!" intercalados entre los versículos de la profecía de Isaías 8:9-18, prediciendo el triunfo del Reino de Dios, y 9:2-7, anunciando el nacimiento del Mesías. Los ortodoxos no sirven normalmente una misa de medianoche en la víspera de la Navidad, sino la Divina Liturgia de la Natividad de Cristo se celebra al día siguiente. Sin embargo, en los monasterios que siguen para celebrar la Vigilia de Toda la Noche, en su forma larga-en el que, literalmente, dura toda la noche, la celebración de la Vigilia en la madrugada del día de Navidad a menudo conducen directamente a la celebración de la Divina Liturgia. Cuando la Vigilia es independiente de la Divina Liturgia, el ayuno de Cuaresma continúa incluso después de la Vigilia, hasta el final de la Liturgia de la mañana siguiente.
 FUENTE: MONASTERIO DEL CRISTO ORANTE


sábado, 11 de octubre de 2014

TERESA DE LISEAUX-HISTORIA DE UN ALMA

El pasado dia uno de octubre celebrabamos el nacimiento de Teresa de Liseaux.
Vamos a dejaros la ultima traducción de la obra de Santa Teresa de Liseaux  realizada por Secundino Perez Treceño Ediciones Bendita Alegria

Critica realizada por Isabel Rezmo
Edicion de Secundino Perez Treceño